
A finales del siglo XIX y principios del XX, la mayoría de la gente no podía permitirse el lujo de tener un coche. Eso vino mucho después. Esto ocurría incluso en el país más dependiente de este medio de transporte, Estados Unidos. Primero, tener un coche era un signo de riqueza y distinción, de estatus social. Más tarde, los coches bajaron de precio y los publicistas consiguieron convencer a la gente de que el coche era esencial para sus vidas. El efecto invernadero aumentó y el cambio climático se aceleró.
Pero volvamos al comienzo del siglo XX. En aquella época las infraestructuras se construían para las bicicletas, que era el medio de transporte más usado. En California se planeó una autopista llamada Cycleway California. Se trataba de una estructura elevada que tendría como objetivo proporcionar un piso firme, liso, sin baches ni charcos, para una conducción suave y sin interrupciones durante un trayecto de 9 kilómetros en el centro de Pasadena.















