El riesgo asociado al humo del tabaco persiste durante horas

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Fumador
Como es bien sabido, el tabaco no solo afecta a quienes se lo fuman, sino también a todo aquel que lo hace pasivamente. Cuando en un hogar hay uno o más fumadores la familia al completo sufre la polución ambiental que supone el humo del cigarro.

Habida cuenta de que la polución de ambientes interiores suele ser mayor que la exterior, es importante conocer de qué manera reducir esta alta concentración de contaminación en nuestro hogar. Sobre todo, cuando la situación es especialmente complicada a consecuencia del humo del tabaco, incluso después de ventilar.

Un riesgo para la salud

Conocer la composición del humo del tabaco, muy probablemente es la mejor manera de entender por supone un peligro para la salud, en especial para niños, personas convalecientes, enfermas y ancianas.

En el humo del tabaco encontramos miles de sustancias tóxicas, principalmente el alquitrán, la nicotina y el monóxido de carbono. Pero éstos son solo una pequeña muestra de entre más de 5.000 partículas químicas de distinta clase.

De hecho, las autoridades de salud pública han asociado alrededor de 70 de estos componentes a enfermedades de distinta gravedad, desde problemas respiratorios hasta el cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas o, por ejemplo, el enfisema pulmonar. Además de los mencionados, se señalan como especialmente peligrosos el arsénico, el cianuro de hidrógeno, las nitrosaminas o, pongamos por caso, los metales pesados como el plomo o el cadmio.

A la hora de evitar los picos de polución, que se producen no solo cuando se fuma, sino horas después, tomar medidas es problemático. La razón es precisamente esa prolongación en el tiempo de la polución.

Salvo que se fume de forma esporádica, algo no demasiado habitual, hemos de tener en cuenta que el humo resultar peligroso durante largo tiempo. De acuerdo con un estudio franco americano publicado en la revista Environmental Science & Technology, las emanaciones que entrañan riesgos para la salud se prolongan un mínimo de 18 horas incluso en espacios aireados.

Es decir, si en una casa se fuma con frecuencia, incluso haciéndolo solo durante una parte del día, por ejemplo después de las comidas o al llegar del trabajo, la polución ambiental existirá durante las 24 horas.

Científicos de las universidades de Berkeley y Clermont-Ferrand estudiaron el nivel de 58 compuestos orgánicos orgánicos volátiles (COV) y de otras partículas ultra finas en un entorno analizado mediante medidas tomadas durante las siguientes horas a la emisión del tabaco.

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Por un lado, observaron que la nicotina había desaparecido al cabo de dos horas, “probablemente porque la habían absorbido las superficies”, apuntan, pero otros COV han persitido en el aire a niveles elevados durante las 18 horas que duraron las mediciones.

En otra de sus mediciones, realizada en un hogar de un fumador, 8 horas después del último cigarrillo se detectaron concentracions moderadas y altas de 29 COV en grado moderado y alto, y 18 de ellos también se encontraron en el aire exterior.

En particular, los científicos afirmaron que el peligro asociado a los residuos aumenta de forma más fuerte durante las 5 primeras horas y luego su disminución es muy lenta. A este respecto, señalan que la importancia de estas conclusiones son prácticas.

Su consejo a quienes no fuman delante de los niños para evitar que se conviertan en fumadores pasivos es que tengan en cuenta que la medida sirve de bien poco. De hecho, si dejan de fumar solo un par de horas antes de que los niños entren en dicha estancia o en el hogar, el estudio demuestra que los perjuicios asociados al tabaquismo pasivo se sufrirían igualmente, en concreto en torno a un 60 por ciento. ¿La solución? Fumar afuera para evitar los importantes riesgos que conlleva hacerlo en casa a corto y largo plazo.

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