Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, son los artífices de este estudio para comprobar cómo la degradación ultrasónica puede degradar sustancias escindiendo las moléculas que las componen.
Estos investigadores han hecho esta comprobación con estos compuestos químicos con esta degradación ultrasónica en la que se emplean ultrasonidos. El resultado ha sido positivo, ya que es posible eliminar los PFAS de las aguas subterráneas.
Los experimentos se centraron en mezclas elaboradas en laboratorios con tres compuestos de sulfanatos de fluorotelómero (compuestos PFAS que se hallan en las espumas contra los incendios) de diferentes tamaños.
Los resultados evidenciaron que durante un período de tres horas los compuestos más pequeños se degradan más rápido que los grandes. Una conclusión que contrata con teorías y métodos previos para tratar estos compuestos químicos que apuntaban que las cantidades más pequeñas son más difíciles de tratar.
De este modo, los compuestos más pequeños se pueden tratar de manera más efectiva que los grandes. Una particularidad por lo que esta tecnología es valiosa en la práctica. Además, también se podría aplicar a otros productos como los farmacéuticos en los grifos y aguas residuales municipales.
Las sustancias perfluoradas y polifluoradas se crearon hace un siglo. Están en numerosos productos y artículos. Es el caso, por ejemplo, de los utensilios de cocina, la ropa impermeable o los artículos de higiene personal, entre otros.
Diversos estudios han realizado la presencia de PFAS en problemas de salud, ya que pueden causar diversas enfermedades y problemas de salud. Entre los más importantes están en cáncer o los defectos en el nacimiento.
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]]>El estudio ha hallado datos preocupantes sobre los riesgos potenciales para la salud de los productos comunes de limpieza del hogar tras haber analizado un total de 30 referencias, entre las que se incluyen limpiacristales, multiusos y ambientadores, entre otros.
El análisis realizado evidenció que los productos cotidianos pueden liberar cientos de compuestos orgánicos volátiles peligrosos, es decir, los llamados COV (Compuestos Orgánicos Volátiles).
En total, se detectaron 530 COV únicos en los 30 productos. De ellos, 193 eran potencialmente peligrosos para la salud. Entre los daños que se cree que pueden originar están afecciones sobre el sistema respiratorio, mayor riesgo de cáncer y efectos en el desarrollo y la reproducción.
Son efectos que, además, no son puntuales, puesto que se ha observado que algunos de los productos analizados emiten los COV durante varios días e, incluso, semanas y meses.
Los COV no solo afectan a la salud de esta forma. También tienen otros impactos. Por ejemplo, afectan a la calidad del aire en interiores y exteriores. Este aspecto no es baladí. Se ha constatado que contaminan el aire interior de dos a cinco veces más que el aire exterior. Algunas estimaciones aún van más allá y apuntan a diez veces más.
El estudio realiza alguna diferencia en el caso de los productos ecológicos. En general, se observa que emiten la mitad de COV que los convencionales. Los ecológicos sin fragancia son los menos COV emiten en comparación con los convencionales. En concreto, casi ocho veces menos.
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