El consumo colaborativo: ahorro y sostenibilidad

Compartir el coche
El consumo colaborativo es una expresión que está muy de moda, esencialmente opuesta al consumismo, que propugna un estilo de vida diametralmente opuesto a la compra compulsiva, un transtorno psicológico que en realidad se ha convertido en uno de los principales rasgos de las sociedades modernas.

Por contra, aplacando esa urgencia irresistible por la compra masiva de objetos y el constante consumo de servicios básicos y no tan básicos, el consumo colaborativo se basa en un sistema en el que tener acceso a un producto o servicio no pasa necesariamente por la compra.

Un estilo de vida más eco-amigable

El consumo sigue existiendo, produciéndose, pero se lleva a cabo de un modo distinto, mucho más sostenible para el planeta y para nuestro bolsillo. ¿Entonces, cuál es la fórmula? El truco del almendruco no es otro que el maravilloso verbo compartir. Frente a la compra y una paralela y exponencial acumulación de desechos, se apuesta por compartir: la reutilización, el préstamo, alquiler de objetos…

Las nuevas tecnologías han impulsado este nuevo estilo de vida, en realidad basado en costumbres antiguas, por lo que de algún modo supone una saludable vuelta atrás aprovechando la explosión de datos que supone el Big Data, concretamente las redes sociales, los foros y las webs de anuncios. Se trata, en suma, de sacarle el máximo partido a la aldea global que internet ha ayudado a modelar, brindándonos la oportunidad de contactar con alguien que pueda satisfacer nuestras necesidades y también a la inversa pero no necesariamente de forma recíproca.

Un mundo de posibilidades

El consumo colaborativo se extiende a un sinfín de ámbitos, tantos como áreas o sectores en los que éste sea factible. De hecho, actualmente esta opción está viviendo un boom, lo que significa no sólo un mayor número de personas aficionándose a prestar, intercambiar, alquilar o revender como alternativa al consumismo, sino también el surgimiento de aplicaciones de lo más variopintas.

Los ámbitos doméstico, formativo, del transporte, la ropa y del ocio son las principales áreas de este movimiento desde sus inicios, un fenómeno social que no deja de crecer hacia otros campos, hasta el punto de abarcar casi cualquier actividad humana, llegando a conformar un nuevo modelo económico.

Huerto
Objetos y servicios pueden venderse sin mediar dinero o a través de ventas de segunda mano, con lo que se propicia la reutilización y se evita comprar objetos nuevos. Por su parte, la prestación de servicios puede estar enfocada al reciclaje si se trata de restauración de muebles u objetos de cualquier tipo o, en el caso de intercambiar servicios, se puede enmarcar en un contexto de un estilo de vida minimalista, que sólo accede a lo realmente necesario o que estima valioso, lejos del materialismo.

Compartir lo que te sobra es una opción con un sinfín de modalidades, y lo mismo ocurre cuando compartir significa ahorrar dinero: puede ser una parte de un local que no utilices (alquilándolo o formando parte del coworking), tu conexión wifi (Compartirwifi.com), tu vehículo o plazas para realizar un determinado trayecto (Blablacar.es, Carpling.com, etc.), el taxi, el garaje determinados días u horas, la bicicleta o moto e incluso prestar tu dinero a particulares, emprendedores o pymes (Arboribus.com o Comunitae.com) para sacarle rendimiento.

Incluso puedes compartir parte de la comida que te ha sobrado (Compartoplato.es) o aprovechar la red para comprar y vender ropa de segunda mano (Milmodelistos.com o Ebay.es o cualquier página de anuncios) y, mejor que mejor, si aplicas el consumo colaborativo a iniciativas verdes, como el cultivo de huertos orgánicos (Huertoscompartidos.es) o a la movilidad sostenible, ya sea compartiendo tu coche a diario o de forma puntual como aprovechando los viajes en cualquier medio de transporte para transportar alguna mercancía (PiggyBee.com) a cambio de una pequeña cantidad de dinero que rebaje tanto el precio del billete como tu huella de carbono.

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