Dinamarca, en pie de guerra contra el desperdicio de comida

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Son tantas y tan exitosas las iniciativas que están llevándose a cabo en Dinamarca para evitar el desperdicio de comida que, sinceramente, es inevitable preguntarse por qué en otros países no se les imita más, mucho más.

Y es que este país nórdico se las ingenia de maravilla para evitar que toneladas de comida acaben en la basura cada día y, con ello, también ahorran emisiones de efecto invernadero. Todo un invento.

Un sinfín de iniciativas exitosas

Más que un invento, en realidad son varias las fórmulas empleadas. Su objetivo, evitar que tanto consumidores como tiendas o productores acaben engrosando los vertederos de comida con alimentos que son perfectamente utilizables.

La cadena de supermercados WeFood, que solo venden productos caducados, pero aptos para la comida también está en plena expansión. Además tienen un lado solidario que resulta muy atractivo. Por un lado, se venden productos caducados o con el embalaje dañado con un descuento de hasta el 50 por ciento, y por otro está gestionado por una ONG.

Su cara solidaria abarca tanto la labor social que realiza como a nivel ambiental, al tiempo que permite a los supermercados que lo abastecen recuperar parte del dinero, pues de otro modo serían alimentos que irían a la basura.

Lo cierto es que no deja de abrir sucursales en el país y, además de resultar mucho más económico, evitar desperdicios y emisiones, está ayudando a concienciar sobre la posibilidad de optar por estos productos sin problemas de salubridad.

Crear conciencia, de todos modos, no es una tarea difícil, sin embargo, puesto que otros antes allanaron el camino. Por un lado, socialmente no se relaciona el hecho de buscar comida en las basuras con ser pobre, fundamentalmente porque se trata de una sociedad en la que las bolsas de pobreza son mínimas.

Además de que la brecha entre pobres y ricos sea mínima, a esta mentalidad ha contribuido especialmente la actuación de Selina Juul, una activista rusa que llevo a cabo una exitosa campaña para conseguir que «dejen de derrochar comida». En Dinamarca, al menos, ha conseguido mucho, hasta el punto de llegar a cambiar loa hábitos de consumo.

La restauración también se ha apuntado a esta eco tendencia. Son numerosos los restaurantes y cafés que ofrecen comida para llevar a precios muy bajos, agrupados en una aplicación llamada Too Good to Go («Demasiado bueno como para dejarlo ir»), jugando con el doble sentido de la expresión, relacionada con dejarlo pasar y dejar que acabe en la basura.

El éxito de este tipo de iniciativas no ha pasado desapercibida para los supermercados convencionales, que también se han lanzado a hacer pequeñas concesiones, haciendo descuentos cuando la fecha de caducidad está próxima.

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Yendo más allá, también se está demostrando un importante compromiso social empresarial a la hora de reducir la producción de determinados alimentos para ajustarlos a la demanda o, como ha hecho Lidl, con el fin de renunciar a las promociones que animan a comprar de más. O, lo que es lo mismo, a despilfarrar, con lo que en muchas ocasiones la comida no se ajusta al consumo real, caduca fácilmente y finalmente se acaba tirando.

Aunque se están tomando muchas decisiones acertadas que, afortunadamente, acaban siendo secundadas por la sociedad, todo un ejemplo de civismo, no se trata de un modelo fácil de exportar. Sin embargo, sus resultados sí podrían animar a hacerlo, aunque solo fuese de forma sectorial, en tal o cual iniciativa.

Con el paso del tiempo, estos pasos adelante habrán demostrado su gran conveniencia, con lo que será más fácil que acabe extendiéndose por sus grandes ventajas a nivel de competitividad, económico y ambiental.

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