
Con la de compromisos e iniciativas que hay en marcha y con la concienciación cada vez mayor de las personas, a uno de vez en cuando se le pasa por la cabeza eso de preguntarse si la contaminación se está reduciendo a nivel global.
La preocupación es mayúscula y es necesario que los problemas ambientales se resuelvan lo antes posible, pero lo cierto es que no siempre se toman las decisiones adecuadas. Sin embargo, hay que celebrar que en algunos países ya se puede decir que ciertos indicadores han mejorado, como es el caso de la calidad del agua, del aire o del suelo.
Avances en la calidad del aire
Uno de los principales motivos por los que los Gobiernos se están moviendo a toda prisa tiene que ver con la calidad del aire, que según muchos expertos provoca millones de muertes en todo el mundo todos los años.
El caso es que en algunas regiones del mundo, como es el caso de Europa y América del Norte, la contaminación atmosférica se ha reducido considerablemente, algo que ha sido posible gracias a una legislación ambiental más estricta, al desarrollo de las energías renovables (aquí todavía queda mucho por recorrer) o a la reducción del uso del carbón como una de las principales fuentes de energía en todo el planeta.
Sin lugar a dudas, otra buena noticia ha llegado de la mano de las zonas de bajas emisiones, de la mejora del transporte público o de la mayor presencia de los vehículos eléctricos en las calles. Por ello no es de extrañar que las grandes ciudades puedan presumir de una calidad ambiental que nada tiene que ver con la de hace unos lustros.
El papel de la tecnología y las empresas
Evidentemente, no sólo los particulares tenemos que hacer un esfuerzo en nuestro día a día. Las primeras que tienen quedar ejemplo y subirse al carro son las empresas, y en ese sentido podemos decir que se están logrando grandes avances en lo que reducción de ciertos tipos de contaminación se refiere.
En la actualidad la presión social y las nuevas regulaciones han propiciado cambios muy importantes en las empresas, que han mejorado sus procesos para hacerlos más eficientes y sostenibles. Reducir la huella ambiental ha dejado de ser una opción para convertirse en una obligación, tanto con el objetivo de no incurrir en sanciones como con el objetivo de incrementar la clientela.
Los problemas que todavía persisten
Desgraciadamente, no todo son buenas noticias. En los países en vías de desarrollo, el crecimiento tanto industrial como urbano está incrementando los niveles de contaminación hasta cotas jamás vistas por esos lares. Los combustibles fósiles no han sido reemplazados por la electricidad y el tráfico convierte las ciudades en bolsas de aire contaminante.
A todo esto hay que sumar el problema que genera el plástico. En España se puso en marcha un impuesto para intentar reducir la producción del mismo, pero no demasiadas cosas han cambiado desde entonces. No hay que olvidar que cada año millones de toneladas de residuos terminan en mares y océanos, algo que acaba repercutiendo de forma muy negativa en los ecosistemas marinos y en la biodiversidad. Todavía queda mucho camino que avanzar en ese sentido.
Contaminación del agua y del suelo
Si nos centramos en la contaminación del agua y del suelo, hay que decir que todavía se generan muchos vertidos industriales que terminan en ríos, lagos y mares afectando a la calidad del agua y dañando los ecosistemas. Y no sólo eso, sino que la salud humana también está en riesgo.
En esa misma línea podríamos hablar del uso excesivo de pesticidas y productos químicos, todo por culpa de una industria que busca generar dinero a pasos agigantados sin importar lo que pueda suceder con el medioambiente.
Así las cosas, aunque se están haciendo las cosas bien y cada vez hay menos contaminación gracias a las energías limpias y la voluntad política, todavía hay mucho camino que recorrer entre todos. Gobiernos, empresas y ciudadanos deben avanzar hacia una misma dirección para evitar problemas como el del cambio climático, que amenaza con destruir el planeta sin prisa pero sin pausa.