
Las cenizas de la chimenea o de una pequeña fogata hecha para quemar ramas tras la poda tienen numerosos usos, como hacer jabón o, por ejemplo, su utilización como abono para cultivos ornamentales o comestibles.
Su uso indiscriminado puede resultar perjudicial. Está demostrado que un exceso daña los cultivos pero, en general, las cenizas de madera contienen minerales esenciales -fósforo, potasio y, en general, permanecen todos los minerales de la madera, excepto el nitrógeno y el azufre- que ayudan al crecimiento de céspedes, a la floración o al crecimiento de frutos como la cebolla o el ajo.
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