
Las bombillas fluorescentes compactas son eficientes a rabiar, pues duran lo suyo y consumen mucho menos que las tradicionales. Sin embargo, con ellas no todo es de color de rosa, pues contienen mercurio y ello supone un riesgo para la salud en caso de rotura.
Entre los componentes de estas bombillas encontramos metales como el aluminio, el cobre, el plomo o el níquel en cantidades ínfimas, si bien el elemento más peligroso es el mercurio metálico, tóxico y peligroso según advierten numerosas investigaciones.
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