La lenteja de agua convierte los purines en proteínas

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Los purines son uno de los problemas medioambientales más importantes de España, aunque no es exclusivo de este país. Poco a poco se va investigando y desarrollando diferentes alternativas para ponerlos en valor y ser reutilizados. Y, ahora, se ha desarrollado un nuevo sistema en el que la lenteja de agua es fundamental para que el purín deje de ser un residuo y pase a convertirse en una nueva fuente de proteína de calidad.

La investigación

El proceso consiste en recuperar nutrientes como el nitrógeno o el fósforo de los purines para que sean reutilizados en la zona en la que se generan mediante la aplicación de una tecnología de cultivo de lenteja de agua o Lemna.

Este desarrollo ha sido realizado en el centro tecnológico Ainia, contando también con la participación del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), que pertenece al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), así como la empresa Progaporcs y Ecobiogás.

Todos estos agentes han colaborado en el desarrollo de la primera planta piloto de Europa a escala semiindustrial que permite realizar este proceso de recuperación de los purines.

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El proceso se lleva a cabo en una instalación en Lérida de 250 metros cuadrados y que tiene una capacidad de producción de más de 17 toneladas de biomasa/hectáreas año con una productividad de proteína de origen vegetal que es entre seis y siete veces mayor que la que se obtiene con el cultivo de la soja.

El proceso

En este proceso de aprovechamiento de los purines, la lenteja de agua es vital. Bajo este nombre hay una planta acuática muy pequeña –mide menos de un centímetro-, que se caracteriza por su forma circular y su color verde hierba intenso, así como por ser flotante.

Esta planta puede absorber los nutrientes contenidos en los residuos ganaderos de manera eficiente y transformarlos en biomasa con un alto valor nutricional al ser rica en proteínas.

Un sistema, que se ha llevado a cabo dentro del proyecto europeo Life Lemna, con el que se soluciona un doble problema. Por un lado, se evita que el purín sea un residuo, mientras que, además, se reduce la contaminación por nitratos y las emisiones de CO2 asociadas.

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