Desodorante casero con aceites esenciales

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Si buscas alternativas naturales a los desodorantes tradicionales, probablemente ya conozcas la piedra de alumbre o la eficacia del bicarbonato de sodio o incluso del vinagre de manzana, para uso en seco o en húmedo, respectivamente.

Además de estas soluciones rápidas, por otro lado de gran efectividad, podemos hacer uso de los aceites esenciales para elaborar nuestra propia fórmula. Idealmente, con certificación bio, si bien solo con el hecho de prescindir de alcoholes, parabenos y otros componentes químicos de los desodorantes convencionales, tenemos un buen terreno ganado.

Aromático y antibacteriano

En este post vamos a buscar alternativas fragantes y a la par naturales, que nos ofrezcan una opción ecológica y al tiempo fácil de elaborar en el hogar. Se trata, en suma, no de evitar el proceso de transpiración, sino de eliminar las bacterias que ocasionan un mal olor al descomponerse.

Gracias a los aceites esenciales, por contra, además podemos conseguir formulaciones que aporten un plus aromático, idealmente con nuestras fragancias favoritas. Bastará con un sutil aroma para que el resultado sea perfecto.

¿Pero, cómo hacer la fórmula? Aunque hay muchas posibilidades, en realidad tantas como queramos, vamos a explicar una formulación sencilla que nos sirva de punto de partida o, si ya tenemos experiencia, como sugerencia.

Para crear un desodorante natural de forma sencilla, que nos ayude a higienizar y prevenir malos olores a la vez que disfrutamos de agradables aromas, necesitamos agua floral, aceite esencial y, a modo de conservador natural antibacteriano, extracto de semillas de pomelo.

Las proporciones son indicativas. Para hacernos una idea, por cada 5 milílitros de agua floral podemos añadir 15 o 20 gotas de aceite esencial, así como 10 gotas del extracto. En función de la intensidad del aroma que queramos iremos modulando las gotas de aceite esencial.

Los distintos ingredientes los mezclaremos en una botellita con pistola de spray y listo. Aunque hemos de tener la precaución de agitarlo bien antes de aplicar para que los componentes se mezclen de forma uniforme.

Si no queremos complicarnos con formulaciones, sencillamente apliquemos una o dos gotas de aceite esencial directamente en la axila para un efecto más intenso, por lo que igualmente podría resultar demasiado agresivo. Cada tipo de piel y sensibilidad es distinta, con lo que nosotros mismos hemos de saber actuar con prudencia.

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A la hora de elegir el aceite esencial idóneo, tampoco hay normas más allá de nuestro propio criterio. Aunque también es cierto que podemos guiarnos por criterios objetivos a la hora de elegirlos, como por ejemplo sus propiedades suavizantes o antisépticas.

La clave está en combinar un olor que nos agrade con unas propiedades que resulten beneficiosas. Es más, podemos combinar varios aceites esenciales, aunque corremos el riesgo de que el resultado sea una mezcla de olores mareante o simplemente demasiado intenso.

Con respecto a las aguas florales, muchas de ellas suelen ser astringentes, calmantes y purificantes y en cuanto al aceite esencial, también podemos encontrarlos con efectos regeneradores, cicatrizantes e hidratantes.

Serían buena elección las aguas florales de rosas o lavanda, y además si nos agradan estos aromas optemos por aceites esenciales de igual tipo. O, buscando una buena combinación, son idóneos el agua floral de hammamelis junto con el aceite esencial de palmarosa, cuyo dulce aroma a hierba resulta muy adecuado para este uso.

Y, por supuesto, tanto unos como otros ingredientes deben ser libres de añadidos. Optemos solo por aquellos que nos muestren su composición en el etiquetado, a ser posible además con sus respectivos logos ecológicos. A su vez, que sean logos reconocidos, que ofrezcan las suficientes garantías.

Como pauta general, tengamos cuidado con posibles alergias y evitemos su uso en mujeres embarazadas o en niños. Sobre todo, cuando su uso es puro y directo, si bien lo más prudente es no usarlo, sin más.

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