Eco ventajas de la domótica: un caso práctico

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En domótica la sorpresa está asegurada. A una innovación le suceden otras más en un tiempo récord, hasta tal punto de que es todo un reto estar a la última. Algunas de ellas ayudan a la sostenibilidad, tal y como vamos a ver en este post, pero al final todo depende de una visión y actitud eco amigables.

El caso elegido es una vivienda muy particular. En ella vive Michael Izatt, uno de los fundadores de OneButton, gente creativa donde las haya. Se trata de una visión un tanto incoherente o contradictoria, pues muy probablemente no sea necesario tanto lujo y detalle. Pero, por otro lado, quizá esta doble condición la hace aún más interesante, por aquello del contraste.

La voz como mando a distancia

La automatización del hogar, en este caso, se ha orientado a la voz. Lejos de seguir la moda del control remoto vía dispositivo móvil, en este caso se opta por lo sonoro como principal activador domótico.

No es una completa novedad, obviamente, pero sí se puede considerar un caso viral, precisamente por su originalidad. En concreto, en casa de Izatt hablar solo tiene una versión un tanto peculiar. En concreto, las conversaciones más prácticas se tienen con un sistema domótico.

Eso sí, son conversaciones bastante efectivas, puesto que de forma indefectible convierten las palabras en hechos. Eso sí, hay que decir las palabras justas, esas que los algoritmos del sistema entienden. Y lo hacen a la primera. Al pronunciarlas, podemos dar la orden a la casa de que ponga música, ese tema que tanto nos gusta, que regule la temperatura de una determinada estancia o, por ejemplo, que nos prepare el baño.

Gracias al reconocimiento de voz, mediante un par de palabras podemos activar muy distintas acciones. A partir de esta clave, sencillamente, el Internet de las cosas hace posible la comunicación con los distintos objetos de la casa.

Con el tiempo, -dentro de nada, a buen seguro-, serán cada vez más los objetos que se englobarán en el sistema de reconocimiento sonoro, así como los sonidos que podrían activarlo. Del mismo modo, las acciones podrán orientarse en un sentido o en otro. La sostenibilidad, lógicamente, tiene un amplio potencial pues, como punto de partida, el mismo hecho de ser selectivos implica una menor huella de carbono y, por otro lado, supone un ahorro energético.

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En definitiva, del mismo modo que la modernidad da un cierto escalofrío, las posibilidades que abre tienen un sinfín de aplicaciones. Muchas de ellas, qué duda cabe, pueden orientarse como queramos. Del mismo modo que gana fuerza el fenómeno de Big Data y del Internet de las cosas, -esos datos masivos que proceden de la red, de sensores o generados por nosotros mismos-, también van desarrollándose nuevos usos.

Las smart cities y la domótica son dos inmejorables ejemplos de proyectos que tienden hacia la sostenibilidad. No solo se trata de mejorar la calidad de vida, sino de gestionar los recursos con mayor eficiencia.

En este sentido, nos encontramos ante un reto interesante, que consiste en encontrar ese difícil pero a la vez maravilloso equilibrio entre confort y sostenibilidad. Tanto a nivel de huella de carbono, con el fin de luchar contra el cambio climático, como en lo que respecta a minimizar la explotación de recursos.

En definitiva, una vida minimalista sin que por ello deje de ser todo lo compleja que sea necesario. El futuro es ya presente, pero a diferencia de lo que ocurre ahora, probablemente este tipo de avances se popularizarán. Entonces, ya nada volverá a ser lo mismo. Esperemos que el resultado permita hacer compatible los avances con el respeto por la naturaleza. Al fin y al cabo, el respeto por nosotros mismos.

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