¿Cuánto puedo ahorrar con un termostato inteligente?

Casa inteligente
Como evolución de los termostatos convencionales, los modernos termostatos facilitan la regulación de la temperatura en ambientes interiores de un modo prácticamente automático. Su objetivo es hacernos la vida más fácil, lograr un ambiente confortable buscando siempre la mayor eficiencia.

Aunque tienen muchas más funciones y ofrecen mil y una posibilidades con un agradable sabor futurista, según el dispositivo elegido, hay que tener en cuenta que huyen de la complejidad de cara al usuario. Básicamente, están concebidos para lograr una programación inteligente que nos libre del engorro que aquellos otros suponen.

Domótica y eficiencia

En este sentido, su mismo automatismo (su programación es mínima) es un primer elemento facilitador para su uso, lo que se traduce en un ahorro que deriva, simplemente, de su utilización regular. Por lo tanto, en comparación con los termostatos convencionales, el termostato inteligente se convierte en una opción más accesible, cómoda, en suma, que nos ayuda a ahorrar en cuanto amorticemos el aparatito, cuyos precios a menudo son prohibitivos.

Por otra parte, el termostato inteligente permite una programación más afinada o a la carta, que no se realiza manual ni digitalmente, sino según el concepto de domótica. En otras palabras, se parte de una serie de parámetros fijos o variables (costumbres del usuario, climatología, tipo de entorno, etc.) para adaptar la temperatura a lo largo del día en cada hogar.

Esa personalización también puede ayudar a una mayor eficiencia, por lo que resulta obvio que no sólo hay que confiar en la máquina, sino maximizar ese ahorro y eficiencia mediante prácticas eco-amigables que exigen un consumidor concienciado.

Puesto que son aparatos inteligentes, nanotecnología de vanguardia combinada con el Internet de las Cosas, se espera de ellos no sólo un comportamiento autónomo sino también una interconexión con otros aparatos de la casa. Es así como, idealmente, gracias a esa coordinación inteligente lograremos una mayor eficiencia.

¿Cuánto puedo ahorrar?

¿Pero, cuánta energía se pueden ahorrar con estos aparatos? Lógicamente, ello depende de distintos factores y variaciones de cada caso concreto. Entre otros, la climatología (no será lo mismo un clima más o menos frío, durante temporadas más o menos largas…) o nuestra resistencia a las temperaturas, tanto altas como bajas.

Termostato
Así, además del lugar donde esté ubicado nuestro hogar u oficina y de nuestra sensibilidad o resistencia a las temperaturas, -incluyendo las prácticas para minimizarlas, como llevar uno u otro tipo de dieta, ir abrigados en casa, etc.-, también influye el sistema de calefacción que tengamos.

Normalmente, obtendremos el mayor ahorro con sistemas de calefacción de aire forzado, puesto que son fáciles de activar y desactivar de forma instantánea. Por contra, es más complicado lograr ahorros son los sistemas de calefacción que tienen tiempos de respuesta lentos (suelo radiante, agua caliente, etc.), si bien con otros algoritmos se pueden conseguir grandes resultados.

El gran desafío de estas tecnologías es precisamente éste, adaptarse de forma inteligente, dar respuestas que permitan un uso eficiente de energía mientras se mantiene la temperatura confortable con cualquier tipo de sistema de calefacción.

De acuerdo con los resultados de un estudio que analizó el ahorro del termostato inteligente Nido, sus usuarios logran una media de un 10 al 12 por ciento de ahorro de costes de calefacción y el 15 por ciento de los costes de aire acondicionado.

Por su parte, el Departamento de Energía de los Estados Unidos estima que los termostatos programables en general pueden ahorrar entre un 5 a 15 por ciento de los costos de calefacción. Eso sí, cuanto más frío sea el lugar donde vivimos, más rápido lo amortizaremos y el cómputo final del gasto anual en calefacción arrojará un ahorro mayor. Y, en sentido opuesto (en entornos más cálidos), cuando menos se utilice, más tardaremos en amortizarlo y menos ahorro supondrá, pero a su vez las facturas serán más reducidas y, ya se sabe: no hay mejor ahorro que no hacer gasto.

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